Sus manos eran muy blancas, más blancas que la nieve, casi traslúcidas. Sus ojos eran grises como el carbón. Sus labios llevaban el beso de aquella dama a la que esperaba cada noche.
Un día la dama dejó de aparecer en los jardines de aquel palacio en el cual él vivía. Entonces bajó al pueblo a buscarla. La gente se extrañó, ver al hijo de un noble en el pequeño pueblo, preguntando sin parar por todos los comercios, por todas las casas que veía abiertas, a todas las personas, por una mujer de cabello rojo fuego y ojos azules casi blancos les parecía algo muy fuera de lo común. Pensaron que él estaba loco, no existía ninguna mujer así en todo el pueblo, pero él insistía en que sí, y siguió buscándola. Al final se adentró en el bosque, y andando andando encontró una pequeña cabaña. El joven entró.
Al entrar sucedió algo muy raro, la cabaña que nada más entrar era humilde y oscura se convirtió en un luminoso palacio con un lago en el centro, el lago emanaba una extraña y atrayente luz, por lo cual él se acercó. Y cual sería su sorpresa, al asomarse al pequeño lago encontró a la dama ahogada en el fondo. Seguía igual de hermosa, pálida, con los labios rosados, los ojos cerrados y el largo pelo rojo ondeando en el agua. Casi parecía que estuviese dormida. El joven se echó a llorar y se adentró en el lago para sacar su cuerpo y, al menos, darle un entierro digno. Pero la muchacha, al extraer el cuerpo del agua, abrió los ojos con furia y le gritó, le había despertado del sueño en el que estaba.
Aquel susto sirvió para que el joven huyese corriendo, ¿cómo podía ser que una mujer durmiese sumergida en el agua? Al día siguiente obtuvo su respuesta. Apareció otra vez la dama en los jardines y le contó su verdadera historia. Sus padres la obligaron a casarse con un hombre que sólo quería su dinero, dado que ella era hija de nobles. El hombre hizo construir una cabaña con un pozo dentro, y un día, mientras la joven dormía, tomó su cuerpo en brazos y lo lanzó al pozo lleno de agua, ahogandola y matándola en el acto. Pero el pozo sorbió al hombre, mandándolo a una extraña dimensión. Nada más fue sorbido, la cabaña se transformó en un palacio y el pozo en un lago, pero sólo lo podían ver aquellos que de verdad tenían corazón puro. La muchacha salía algunas noches del lago en el que descansaba su cuerpo, convertida en espíritu para recorrer el mundo, dado que era muy joven cuando murió y así había conocido al joven noble y se había enamorado de él. Pero ella no podía amar, ni podía ser amada, porque no estaba viva, por eso decidió desaparecer de su lado, para que él no sufriese más.
El joven, tras saber de la historia de la dama, quedó destrozado. Su amada estaba muerta, en el fondo de un lago y no podía amarla. La muchacha le dijo que si la amaba buscase una vida nueva, amase a otra mujer como la había amado a ella y cuando llegase su hora él volvería junto a ella, y ya podría amarla. Pero el joven no pudo soportarlo, aquella noche volvió a la cabaña y se lanzó al lago, y entonces por fin pudo amarla por siempre.
jueves, 21 de enero de 2010
viernes, 1 de enero de 2010
Ángel.
"No sientas más dolor", le dijo el ángel a la doncella, "yo te cuidaré". Mientras susurraba estas palabras le limpiaba la lágrima que le caía a la damita por la mejilla, y sus ojos azules, casi tan transparentes como el agua del más limpio lago, expresaban la gran tristeza que sentía. "Déjame que te bese los labios", decía ella mientras alargaba su mano hacia la mejilla del ángel. "No quiero hacerte más daño, soy un ángel, no puedo ofrecerte lo mismo que un humano". "Besame y acaba con mi dolor".
Y mientras la besaba todas las heridas del corazón de la dama se sanaron, y su piel se volvió más blanca, y crecieron un par de alas de luz en su espalda, que les envolvieron a los dos en un profundo amor...
Y entonces la damita despertó de su sueño y miró con pena por la ventana. Necesitaba a su ángel.
Y mientras la besaba todas las heridas del corazón de la dama se sanaron, y su piel se volvió más blanca, y crecieron un par de alas de luz en su espalda, que les envolvieron a los dos en un profundo amor...
Y entonces la damita despertó de su sueño y miró con pena por la ventana. Necesitaba a su ángel.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Tristeza
No voy a llorar nunca más. Lo he decidido, no sé si lo podré cumplir, pero quiero hacerlo. No merezco llorar ni que lloren por mí, no merezco tener miedo, no merezco la tristeza.
Aquel día, el miedo, la soledad, la tristeza, el llanto, vinieron a buscarme, "¿puedes salir"-me preguntaron-"¿vas a llorar hoy?". -No, respondo yo ahora mismo, no os quiero en mi vida, no os quiero en la vida de nadie, no quiero más oscuridad en ningún corazón, quiero sonrisas, quiero caricias, quiero abrazos, quiero besos. Y sobretodo, sobre todas las cosas, quiero que desaparezca el dolor. Y no mi propio dolor.
Aquel día el llanto me preguntó "¿no lloras hoy?" y yo le respondí "no lloro hoy, no quiero llorar nunca más, no quiero que nadie llore nunca más". "No podrás-me contestó-el miedo, la injusticia, la maldad, todos estarán de mi parte, y haré llorar a todos, sean buenos, malos, lo merezcan o no". "Dejad de destruir los corazones a la gente", contesté con los ojos empapados en lágrimas. No podía, volvía a llorar, y aquella vez no fue por mí.
Aquel día, el miedo, la soledad, la tristeza, el llanto, vinieron a buscarme, "¿puedes salir"-me preguntaron-"¿vas a llorar hoy?". -No, respondo yo ahora mismo, no os quiero en mi vida, no os quiero en la vida de nadie, no quiero más oscuridad en ningún corazón, quiero sonrisas, quiero caricias, quiero abrazos, quiero besos. Y sobretodo, sobre todas las cosas, quiero que desaparezca el dolor. Y no mi propio dolor.
Aquel día el llanto me preguntó "¿no lloras hoy?" y yo le respondí "no lloro hoy, no quiero llorar nunca más, no quiero que nadie llore nunca más". "No podrás-me contestó-el miedo, la injusticia, la maldad, todos estarán de mi parte, y haré llorar a todos, sean buenos, malos, lo merezcan o no". "Dejad de destruir los corazones a la gente", contesté con los ojos empapados en lágrimas. No podía, volvía a llorar, y aquella vez no fue por mí.
viernes, 4 de diciembre de 2009
Llorar sin placer no sirve de nada
"Llorar sin placer no sirve de nada". Ese era el lema que tenía Amelia, y lo cumplía. Cada vez que sus sueños se rompían, cada vez que se hacía daño, cada vez que parecía que no había solución a nada, ella lloraba. Se supone que el llorar no le aportaba nada, no le debía de aportar nada, pero le aportaba un tremendo placer, difícil de explicar, dado que tampoco era una sensación buena, se odiaba a sí misma cada vez que lloraba, cada vez que alguien se preocupaba por sus lágrimas. No quería llorar más, no quería preocupar a nadie por sus tonterías, pero no podía evitar llorar. El dolor, que nunca produce placer, que se supone que no debía provocarlo, a ella le provocaba aquel pequeño toque de placer que nada más le daba. Había llegado a llorar mientras cada uno de los cincuenta hombres con los que había estado (eran cincuenta, llevaba la cuenta) le recorrían el cuerpo con la punta de la lengua hasta llegar a su sexo solamente por sentir aquel extasis aún más intenso, y que sólo se le producía cuando lloraba. Había llorado en las películas de comedia para sentirlas más a fondo, para disfrutarlas más, puesto que la comedia era su género preferido. Había llorado mientras disfrutaba de la presencia de todos y cada uno de sus seres más queridos, porque así la sentía aún más a fondo. Incluso había llegado a lastimarse sólo para llorar.
Llorar le otorgaba aquel placer que nada más podía darle y era algo que ella odiaba de sí misma. Intentaba dejarlo, pero no podía. El llorar era la droga que alimentaba su ser, sin las lágrimas que derramaba de vez en cuando su cuerpo se apagaba, sus días se volvían más pesados, se ponía nerviosa, tenía ansiedad, y entonces necesitaba llorar por nada. Y cuando lloraba por nada, sin nada que complementase a su llanto, el llorar ya no le otorgaba placer. Por eso mismo, cada vez que sentía aquella necesidad inútil se repetía a sí misma "Llorar sin placer no sirve de nada".
Llorar le otorgaba aquel placer que nada más podía darle y era algo que ella odiaba de sí misma. Intentaba dejarlo, pero no podía. El llorar era la droga que alimentaba su ser, sin las lágrimas que derramaba de vez en cuando su cuerpo se apagaba, sus días se volvían más pesados, se ponía nerviosa, tenía ansiedad, y entonces necesitaba llorar por nada. Y cuando lloraba por nada, sin nada que complementase a su llanto, el llorar ya no le otorgaba placer. Por eso mismo, cada vez que sentía aquella necesidad inútil se repetía a sí misma "Llorar sin placer no sirve de nada".
martes, 3 de noviembre de 2009
egoismo
Aún sigo sin creermelo. Hace como unos dos meses yo estaba escribiendo en este mismo sitio deprimiéndome y asqueándome por una persona sin mirar si había alguien más. Fui un ser completamente egoista, ¡pues claro que existe más gente! Esos que te apoyan en los momentos malos, esos que te abrazan en los momentos tristes, aquellos que te susurran al oído que todo irá bien en los peores momentos. Y yo asqueándome por una persona.
Finalmente lo he descubierto, soy una egoísta de mierda.
Finalmente lo he descubierto, soy una egoísta de mierda.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Tu olor (relato breve)
De repente tu olor se apareció en mi nariz. Me hizo recordarte, y llorar, te echaba de menos. Miraba la lluvia y leía de nuevo todos esos textos que tú nunca leerías aunque fuesen dirigidos a ti, y entonces, así porque sí recordé tu olor. Fue bastante jodido, dado que me había jurado que no volverías a aparecer en mi cabeza más que para lo mínimo, aunque nunca lo cumplía, dado que al final siempre terminabas paseándote por ella. Me levanté del suelo y salí a la calle, llovía a cantaros. Dejé que la lluvia me empapase y compuse en mi mente otro de esos textos que nunca leerías. Cuando la lluvia me hubo empapado entera me metí de nuevo en casa, puse el reproductor de CD's en el baño y esuché esa canción de Sabina que me recuerda tanto a ti mientras me metía en la bañera con un bloc y un lápiz para escribir lo que había compuesto para ti, aunque no lo leyeses.Al cabo de un rato salí, guardé aquel texto que jamás verías y te llamé, te echaba demasiado de menos. Tu teléfono comunicaba, te dejé un mensaje en el contestador y esperé toda la semana tu llamada. Te echaba tanto de menos que no recordaba que jamás te volvería a ver...
lunes, 21 de septiembre de 2009
Jodidamente especial
Sonreía mientras lo miraba, flustrada. Siempre igual, siempre mirándolo a escondidas, pero nunca se lo decía, nunca le diría que le quería. Él se giró, se dió cuenta de que lo miraba.
-¿Qué pasa?- dijo con voz dulce.
-Que eres especial.- dijo ella, se encontraba en estado de shock, pero reaccionó nada más oirse a sí misma.
-¿Qué?- se extrañó él, ella no solía decir esas cosas de ese modo.
-No nada...- ella se sonrojó.
-En serio, ¿qué dices que soy?
Ella comenzó a reir, se abochornó por completo, no entendía por que había dicho eso de ese modo, tan inmediatamente. Él comenzó a hacerle cosquillas mientras le mordía el cuello, siempre lo hacía. Cayeron sobre el sofá, ella sobre él.
-So funking special...- murmuró ella.
-¿Qué?
-Es una canción de Radiohead.
-¿Y qué significa?
-No lo sé...sólo sé que tiene una parte que dice eso, eres jodidamente especial.- lo dijo mirándole a los ojos, con un brillo especial, nuevo, que destilaba amor por todos los costados.
-Me gusta...Creo que se la enseñaré a Catherina.
-¿Quién es?- dijo ella, con un mal presentimiento.
-Estamos a punto de salir juntos.- dijo él con mucha ilusión.
A partir de aquello la tarde pasó normal aparentemente, pero para ella fue uno de los peores días que pasaba últimamente. Sabía que lo perdería...pero no imaginaba que iba a ser tan pronto. Cuando salió de la casa y llegó al piso donde ella vivía subió primero a la azotea y le murmuró al cielo las palabras "tan jodidamente especial...". Aspiró el viento, que llegaba con el aire contaminado por el humo lleno de dióxidos provinente de la ciudad. No olía tan mal, al fin y al cabo. Se sentó sobre el muro, con las piernas colgando a la nada y dejó ir una lágrima, que acabó en su boca. Sabía a sal. Pasó allí aproximadamente una hora. Posteriormente, mirando hacia abajo, haciendo por superar su vértigo, suspiró y pensó que por eso no se acabaría el mundo. Se recogió sobre el muro y bajó para después bajar las escaleras e ir a cenar. El subir a la azotea la ayudaba a pensar. Y en aquel momento le había servido para saber que aunque él no la quisiese, se sentía feliz. Él era feliz, además, aunque no fuese correspondida no se acababa el mundo.
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