miércoles, 13 de abril de 2011

La ciudad bajo el hielo

Se inundan. Se inundan las calles de la ciudad más hermosa del mundo, quedan sepultadas bajo el agua, cada vez se ven menos, cada vez se sumen más y más en la más remota oscuridad. Y yo, amor mío, yo observo como mueren, como caen, como son sepultadas por ese peso líquido, por esa agua cruel y amarga, por esos ríos que no saben ver que existe vida en la ciudad. La ciudad muere bajo el agua, que poco a poco se convierte en hielo, congelándola sin saber que tenía vida, que había felicidad, belleza, esperanza. Todo queda ahora congelado por el hielo que destruye, que quema, que mata poco a poco, disfrutando como se disfruta del dolor de arrancar un pellejo, disfrutando con un ligero orgasmo de muerte, quitando cada resquicio de vida de la ciudad hasta paralizarla. Y yo, amor mío, yo miro como goza, como muere de placer mientras la ciudad queda sepultada, paralizada, y llora levemente, convirtiendo el hielo en escarcha, intentando salir, mientras el hielo vuelve a congelar sus lágrimas, vuelve a esconderla, a sepultarla, a hacerla desaparecer, a convertirla en nada. Amor mío, si vieses el hielo que la cubre llorarías. Amor mío, si vieses la nada en la que se sume sufrirías. Amor mío, la ciudad se muere bajo el hielo, sálvala amor. Sálvala.

miércoles, 12 de enero de 2011

...

Si tu supieses lo que te echo de menos cuando no estás a mi lado, lo que anhelo tu presencia, lo que deseo tu tacto sobre mi piel, produciéndome esas agradables cosquillas que, lejos de molestarme, me llenan de placer. Si tu pudieses ver, amado mío, mis ojos empapados en lágrimas y dolor, si tu pudieses verme aquí, mirando tu nombre, tu dirección, sin atreverme a llamarte, a hablarte, a mirarte siquiera, si tu pudieses verme, amor, verías lo patético de mi vida, lo estúpido de mi situación.
Quiero decirte que me quieras, que sin ti he perdido el rumbo, que ando francamente mal, que me muero por acariciarte, que me muero por sentir tus caricias, que te deseo sobre todas las cosas. Que pido que vuelva la Navidad todos los días para poder perdirte como regalo, que pido que pasen estrellas fugaces para suplicarles que me concedan mi más preciado deseo, que me muero sin el sabor de tu mirada.
Quiero contarte lo que siento, pero no sé. No me salen las palabras, ni siquiera me salen las miradas, las expresiones correctas. Tengo tanto miedo que estoy paralizada. Pero te quiero.

jueves, 28 de octubre de 2010

Y allí...

Y allí está su corazón, allí, en el fondo de la nada. En el fondo de la nada su corazón se ensombrece día a día, y sus ojos se empañan de lágrimas, su cuerpo de nostalgia. Su corazón le desea, su cuerpo le desea, sus labios le desean. Le ama. Le ama con la mayor fuerza jamás creada. Le ama a cada suspiro. Y contempla su corazón sufrir, lleno rebosantemente de un amor que no puede dar, que le es imposible dar. Tiene miedo. Tiene miedo de mirar sus ojos, porque sabe que cada vez que los mira pasa el tripe de tiempo llorando. Pero a la vez le gusta ese dolor y por eso no resiste y les echa una ojeada. Y entonces ocurre. Y vuelve a llorar, y a temblar. Su cuerpo se estremece con una sola ráfaga de aire. Allí está, llorando, temblando, temiendo. Amando. Le ama. Le ama tanto que podría morir de amor. Le ama tanto que podría someterse a cualquiera de sus palabras. Le ama tanto que se deshace en lágrimas. Y va muriendo lentamente.

domingo, 24 de octubre de 2010

Mentiras.

Voy a contar una mentira enorme, pienso contar la mentira más grande jamás escrita, ni pronunciada. La mentira peor elaborada, la peor disimulada. La mentira que todos podrán hacer creer que creen y que nadie cree en realidad. No pienso poner un simple "no te quiero" de niña pija, ni un "no quiero verte más". Es una mentira mucho más compleja.
En esta mentira mi cuerpo no se siente reconfortado cuando imagino una cama en sus brazos. En esta mentira mi cuerpo no se siente un puzzle sin una pieza. En esta mentira mi mente no juega con ideas estúpidas de andar de la mano por la calle. En esta mentira no te imagino a mi lado de repente, sin desearlo. El caso, me gusta mentir, de forma compleja. Quiero mentir de la forma más compleja existente. Déjame mentir en paz.

jueves, 21 de octubre de 2010

Estallo.

De nuevo hoy
vuelvo a estallar.
Estallo de amor.
¡Pam!
Estallo de ganas.
¡Pam!
Estallo de placer.
¡Pam!
Abandono mi cuerpo.
¡Pam!
Me veo desde fuera.
¡Pam!
Universo espiritual.
¡Pam!¡Pam!
Me desgarro.
¡Pam!
Muero de placer.
¡Pam!
Muero de amor.
¡Pam!¡Pam!
Vuelvo lentamente.
Suspiro.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Día idiota.

Hoy te has dado cuenta de que le echas de menos. Así, sin más. Mirando un mapa del metro has caído en que le echas de menos. No has hecho nada más que recorrer todas las líneas multicolor con los ojos, e imaginado como sería la trayectoria del metro por esas rayas que, aparentemente, parecen distancias cortas y luego, en la aplicación práctica, son demasiado largas. Entonces te has dado cuenta de que le echas de menos, y has apartado la mirada corriendo, sí, justo cuando has leído el nombre de la estación en la que bajabas, recorrías la distancia y te perdías en su boca. Entonces te das cuenta, te apetece perderte en su boca. Te da igual todo, es patético. Tu corazón se está apoderando de tu cerebro. Demasiado patético. No puede ser cierto, no puedes echarle de menos, no, después de tanto tiempo, no después de tantas cosas, no puedes. Y lo cierto es que por una milésima de segundo, al leer el nombre de la estación, has evocado sus besos. Eres idiota, piensas mientras te sientas en un banco y esperas a que llegue tu tren. Demasiado idiota. Sobretodo porque al sentarte lo has vuelto a hacer. Has vuelto a evocarlos. Idiota.

viernes, 10 de septiembre de 2010

La Danza de la Luna

Va a comenzar una hermosa danza, una danza de rayos de luna. Va escondiéndose el Sol, y ella, ambiciosa por ser más hermosa que ninguna, despliega sus faldas hechas de rayos de plata. Los rayos se cojen, danzan en la explanada del monte más hermoso, y lo iluminan todo, dándole a la pequeña montaña un halo de misterio tan hermoso y atrayente que de pronto todos los animales se ponen a bailar. Y todo el mundo danza, y son felices, y ríen y beben el agua del rocío, que va cayendo lento pero refrescante, quitándoles el sudor que tal hermosa y efusiva danza les produce. Y de repente, amor, dolor, tristeza, alegría. Todos esos sentimientos aparecen y se mezclan en la hermosa danza de la Luna, incitados por la música, deseosos de bailar. Pánico, deseo, timidez. Ven a sus hermanos jugando y bailando y deciden bailar. Y todo parece encontrarse en armonía esa noche, en el monte, durante la Danza de la Luna.