¿Has escuchado alguna vez el sonido de cuando se rompe un corazón? Suena como el mar cuando rompe sus olas contra un acantilado, formando erosiones y agujereando toda esa piedra que le obstruye su libertad. ¿Has oido alguna vez el sonido de la formación de una lágrima por amor? Suena como la llegada del agua del río al mar, agua desterrada por el río, ya no la quiere, ya no la necesita, la destierra al mar, y el mar la acoje, y la oye llorar en silencio. Llora porque una vez creyó que estaría junto a él toda la vida, y sin darse cuenta ha caído en el olvido, ha llegado al mar, y el mar la acoje dulcemente entre sus brazos de sal y la oye llorar.
¿Acaso has conseguido oír un lamento por amor? Suena como un trueno, un trueno que grita, se siente impotente, lo obligan a caer a la tierra, a hacer daño, y por eso grita, él no quiere dañar, pero le obligan. Así se siente el amor, obligado a hacer daño sin querer, obligado a hacer todo lo contrario para lo que fue inventado, pues él fue inventado para hacer feliz a la gente.
Nadie oye los lamentos por amor, ni las formaciones de lágrimas por amor, ni las roturas del corazón. Hasta que las siente.
martes, 15 de septiembre de 2009
De nuevo, necesito escribir.
Volví a necesitar escribir y esta vez no encontraba palabras para expresar como me sentía. Sabía que jamás tendría tus ojos, que nunca sentirías lo que yo...Pero no imaginaba que sería tan deprisa. Así, de repente, no puedo describirlo. Me duele algo, y no sé que es. No me apetece fingir que estoy bien, no me sirve de nada. No te puedo pedir consuelo, puesto que mi mal eres tú. Me siento el ser más impotente del mundo. Sin poder pedir consuelo, sin poder tener a quien quiero, es tan extraño esto que siento...
Necesitaba escribir sobre nudos en la garganta, sobre amores fallidos, sobre dolores de estómago y corazón, sobre el no poder articular palabra, sobre mi odio al amor. Odio al amor, siempre me putea. Odio sentirlo por ti, sé que si te enteras te sentirás mal. Me suelo sentir mierda por no poder darte lo que quieres. Perdóname por quererte.
Necesitaba escribir sobre nudos en la garganta, sobre amores fallidos, sobre dolores de estómago y corazón, sobre el no poder articular palabra, sobre mi odio al amor. Odio al amor, siempre me putea. Odio sentirlo por ti, sé que si te enteras te sentirás mal. Me suelo sentir mierda por no poder darte lo que quieres. Perdóname por quererte.
sábado, 12 de septiembre de 2009
Tu sonrisa
Tu sonrisa,
luna menguante de día,
luna nueva de noche.
¿A cuánto cobras el viaje
a la luna de tu boca?
Yo te pago el doble,
pero déjame ir.
Invitame a drogarme
con tu amarga saliva,
deja que la sorba lentamente,
despacio, sin prisas.
Sácame a bailar
al ritmo de tu risa,
bailame un tango,
róbame la razón.
Visítame en sueños,
deja que roce tus labios de hollín,
quizás muera envenenada,
¿qué más me da?
Vivir al ritmo de tu risa
es complicado
pero placentero,
no dejes nunca de reir.
Ignórame a diario,
como siempre haces,
pero no dejes de reir,
no me dejes morir.
luna menguante de día,
luna nueva de noche.
¿A cuánto cobras el viaje
a la luna de tu boca?
Yo te pago el doble,
pero déjame ir.
Invitame a drogarme
con tu amarga saliva,
deja que la sorba lentamente,
despacio, sin prisas.
Sácame a bailar
al ritmo de tu risa,
bailame un tango,
róbame la razón.
Visítame en sueños,
deja que roce tus labios de hollín,
quizás muera envenenada,
¿qué más me da?
Vivir al ritmo de tu risa
es complicado
pero placentero,
no dejes nunca de reir.
Ignórame a diario,
como siempre haces,
pero no dejes de reir,
no me dejes morir.
Soledad
Soledad, con sus ojos empañados en lágrimas, con la mirada perdida, contemplaba como se echaba a perder su vida. Solía sentarse en un parque, con sus 42 primaveras, a mirar a los niños jugar, y solía ver en ellos a aquella niña que nunca más sería, a aquellos hijos que ya nunca tendría.
Soledad deseaba volver a ser una niña, o al menos, ponerse a jugar con aquellos niños, tirarse por los toboganes y hacer castillos de arena. Pero el tiempo había pasado, los granos de arena se habían acomulado en el castillo de su niñez, hasta pasar a la adolescencia, y luego a la adultez, posteriormente a la madurez, y nunca, en ninguna etapa de aquellas, se había parado a pensar que era lo que realmente deseaba.
Con sus 42 primaveras, lo único que deseaba era ser una loca, llorar cuando todos reían y reir cuando todos lloraban. Deseaba salir a la calle con zapatos de plataforma y gritar "aquí estoy yo, dispuesta a todo. Muerete mundo." Pero nunca lo hacía. Muerete mundo, decía para sí misma, mientras bajaba al parque y contemplaba niños comer arena, deseando haber comido alguna vez arena. Muerete mundo, pensaba desgarrando sus pensamientos. Muerete mundo, y arañaba la vida con sus uñas de porcelana. Muerete mundo.
Pero el mundo nunca moría, y Soledad seguía pendiente del que diran, de las insinuaciones de la gente, y jamás hacía lo que quería.
Soledad deseaba volver a ser una niña, o al menos, ponerse a jugar con aquellos niños, tirarse por los toboganes y hacer castillos de arena. Pero el tiempo había pasado, los granos de arena se habían acomulado en el castillo de su niñez, hasta pasar a la adolescencia, y luego a la adultez, posteriormente a la madurez, y nunca, en ninguna etapa de aquellas, se había parado a pensar que era lo que realmente deseaba.
Con sus 42 primaveras, lo único que deseaba era ser una loca, llorar cuando todos reían y reir cuando todos lloraban. Deseaba salir a la calle con zapatos de plataforma y gritar "aquí estoy yo, dispuesta a todo. Muerete mundo." Pero nunca lo hacía. Muerete mundo, decía para sí misma, mientras bajaba al parque y contemplaba niños comer arena, deseando haber comido alguna vez arena. Muerete mundo, pensaba desgarrando sus pensamientos. Muerete mundo, y arañaba la vida con sus uñas de porcelana. Muerete mundo.
Pero el mundo nunca moría, y Soledad seguía pendiente del que diran, de las insinuaciones de la gente, y jamás hacía lo que quería.
¿Cómo pretendes que te diga te quiero?
¿Y cómo pretendes que te diga que te quiero? Si en tus ojos puedo ver los ojos que siempre buscaba, si me encuentro en una encrucijada, intentando no pensar en ti y pensando más de lo que quiero. ¿Cómo pretendes que te odie? Si cada día que pasa es más largo sin ti, si cada momento que tengo lo uso para pensar en ti. ¿Cómo pretendes que no llore? Si llorar es lo único que me mantiene viva. Pídeme que te odie cuando sepas que te quiero. Mejor no lo sepas nunca, mejor deja que vierta mi sangre sobre la acera, mejor no te pares a mirar, mejor no bajes la mirada y no mires nunca hacia abajo, no mires al suelo donde me encuentro yo, rodeada por mi sangre y por mi amor. Sigo viva, pero no me mires, si me miras, si te preocupas, me matas. No me mires, no pienses en mi, no te preocupes.No llores si muero. Odiame. Yo te quiero por los dos. Yo lloro por los dos, tú no llores. Rie, rie cuando mi alma se encuentre triste, así la haces renacer. Juega en un mundo que te construí por hacer algo, por saber que estás seguro, que estás bien. No huyas de mí, yo huiré de ti. Corre en dirección norte mientras yo corró hacia el sud. Separa mi vida de la tuya y luego pégalas con el peor pegamento que encuentres. Observas como se separan mientras yo me rompo escondida de ti. Y entonces...sólo entonces déjame decirte que te quiero.
miércoles, 8 de julio de 2009
Necesitaba escribir
Al cabo de tanto tiempo, necesitaba escribir. Necesitaba escribir palabras cursis y pastelosas, necesitaba expresar toda la melosidad que hay en mí, como si de una novela rosa para jovencitas de esas que visten de rosa y que duermen en camas con las sábanas del mismo color. Necesitaba escribir sobre escritos, sobre miradas, sobre cagadas. Necesitaba expresar lo tonta que fui, lo tonta que se puede llegar a ser, necesitaba deshacerme del sentimiento de culpa, del de desconfianza que nunca tuve, nunca quise tener y, sin embargo, llegué a demostrar que tenía, sin saber exactamente porqué.
Quizás llegó a mí tras aquel adiós, me voy, me gusta otra, dado hace dos años, quizás llegó a mí simplemente por el hecho de que soy un ser despreciable, no sé como pudo llegar. Quizás ni siquiera era eso, sólo fue un repentino acto de necesidad de amor...
Fuese lo que fuese, fue dañino.
Quizás llegó a mí tras aquel adiós, me voy, me gusta otra, dado hace dos años, quizás llegó a mí simplemente por el hecho de que soy un ser despreciable, no sé como pudo llegar. Quizás ni siquiera era eso, sólo fue un repentino acto de necesidad de amor...
Fuese lo que fuese, fue dañino.
martes, 5 de mayo de 2009
Ignore
De sus ojos caían dos lágrimas,
lágrimas simples, con sabor a sal,
recorrían sus rostro,
y se dejaban evaporar.
De su boca no salían sonrisas,
tenían un pacto con sus labios,
decían que no volverían
si el no aparecía.
De su cuerpo y su corazón salía frio,
y hasta el más cálido verano era frío a su lado,
jamás mitigaría,
si él no aparecía.
Y le observaba absente,
y le volvía a mirar,
y él se sentía observado
pero no la veía,
pues sus pupilas se habían acostumbrado
a que ella no existía.
Y él sentía pena,
y no la sabía asociar,
no sabía que era
porque ella de pena estaba muerta,
no sabía de todo el amor
que ella le quería dar.
Y así ella lloraba,
lloraba porque le amaba,
lloraba porque sabía jamás le tendría,
y a él sin saberlo su pena llegaba.
Y el cielo de ella se cubría de gris,
y las rosas se llenaban de espinas,
pero él no sabía que debía entrar en su vida,
y ella seguía observándole,
y él seguía triste,
sin saber que ella le quería,
sin saber que ella existía.
lágrimas simples, con sabor a sal,
recorrían sus rostro,
y se dejaban evaporar.
De su boca no salían sonrisas,
tenían un pacto con sus labios,
decían que no volverían
si el no aparecía.
De su cuerpo y su corazón salía frio,
y hasta el más cálido verano era frío a su lado,
jamás mitigaría,
si él no aparecía.
Y le observaba absente,
y le volvía a mirar,
y él se sentía observado
pero no la veía,
pues sus pupilas se habían acostumbrado
a que ella no existía.
Y él sentía pena,
y no la sabía asociar,
no sabía que era
porque ella de pena estaba muerta,
no sabía de todo el amor
que ella le quería dar.
Y así ella lloraba,
lloraba porque le amaba,
lloraba porque sabía jamás le tendría,
y a él sin saberlo su pena llegaba.
Y el cielo de ella se cubría de gris,
y las rosas se llenaban de espinas,
pero él no sabía que debía entrar en su vida,
y ella seguía observándole,
y él seguía triste,
sin saber que ella le quería,
sin saber que ella existía.
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