viernes, 28 de septiembre de 2012

Día triste.


Recorres con tus dedos un camino trazado en sal volcada sobre la mesa. Posteriormente trazas dibujos, letras, lo primero que te viene a la cabeza. Miras al suelo. Enciendes un cigarro. Fumas lentamente. Miras la mesa. Retiras la sal de un manotazo, desparramándola por el suelo, te levantas y pasas sobre ella, produciendo pequeños crujidos al pisarla. Terminas el cigarro, tiras la colilla a la basura y te llevas los dedos a la boca, saben a sal.
Ya es tarde, te acuestas pero no puedes dormir, pero ¿qué importa? Dormir es de aburridos. Miras al techo y no te das cuenta de tu perfección, porque para ti tu perfección es invisible. ¿Te has planteado alguna vez en mirarte al espejo sin ningún tipo de coraza? Para ti es imposible. Ojalá, criatura hermosa, pudiese abrazarte sin esa coraza tras la que te escondes, ojalá pudiese estar observándote ahora mismo, para maravillarme ante tu imperfección, mucho más hermosa que la más perfecta de las cosas.
Te estás durmiendo, poco a poco. Duermes ya. Ya no existes en el mundo de los despiertos, ahora sólo lo haces en el mundo de los sueños. Ojalá estés soñando con algo bueno, que te haga sonreír. Ojalá.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Infierno.

Te miras las manos, están cubiertas de sangre. Te acercas lentamente al espejo y contemplas tu imagen, desnuda, frente al espejo. Lentamente vas bajando la mirada para contemplar tu cuerpo entero, no puedes aguantarlo más, lloras. Tu largo cabello rubio cae sobre tu rostro, tus ojos azules están hinchados, morados alrededor. Sabes perfectamente que esas magulladuras no han salido solas, tampoco han nacido a causa del largo tiempo derramando lágrimas. Contemplas tus senos, cortados, arañados, todavía brota la sangre de las heridas, y de estas mismas heridas proviene la sangre que ahora mancha tus manos pues, en un desesperado intento de protección tardía, te has cubierto con ellas. Aunque ya era tarde. Observas también los cardenales de tus caderas, tienen diversos colores: morado, amarillo, verde. En un desesperado intento por volver a reír piensas que son colores bonitos, alegres, y que es una ironía que esos mismos colores decoren tu cuerpo ahora, estén presentes en esta horrible situación.
No. Ya no más. Lo que empezó como una broma absurda, una discusión tonta, un "¿Dónde vas con esa falda tan corta? Ten cuidado, a ver si te confunden con una chica de la calle", una palmada en el trasero, se  ha ido convirtiendo poco a poco en esto. Aquello, que en un principio no parecía más que un juego, una idiotez, esos momentos en los que él cogía todo tu maquillaje cuando no te dabas cuenta y lo escondía, si no lo tiraba, justo en el momento en el que ibas a salir a la calle. "No hace falta que te maquilles. Estás preciosa de todos modos". Aquello, que después fue tomando una forma más definida mediante discusiones más serias, discusiones que al final se convirtieron en ataques directos, de él a ella. "Eres una imbécil, todo lo haces mal", "Eres la zorra más grande del mundo, no entiendo como te puedo querer"...Aquellas frases simples y tristes, que venían acompañadas siempre por un "Perdón, no lo volveré a hacer. Yo sólo quiero el bien para los dos. Te amo.", aquel voto de confianza que le dabas siempre después de los ataques, "Tiene razón, me he portado mal.", "Él sólo quiere lo mejor para mí, y yo le hago daño", "Debe tener un mal día, en realidad es buena gente"...Todo eso, a lo que has pasado más´de cien días restándole importancia, se ha convertido de golpe y porrazo en sangre manchando tus manos.
Y es que la primera vez que te asestó el primer golpe, aquel día que llegaste del trabajo con aquella falda que él consideraba tan corta, lo justificaste. "Tiene razón, he salido vestida  como una guarra, me lo merezco". El segundo día, te golpeó porque estaba de mal humor. "Pobrecito, está pasando un mal momento, pero se le pasará." El tercero, ni siquiera te dio una explicación lógica, pero te seguiste empeñando en ocultarlo, en mostrarte feliz ante tus amigos y amigas, en vestirte con ropa que lo tapase y maquillarte levemente para disimularlo. Y así han ido pasando los días, incluso tus amigos y amigas se han dado cuenta y tú lo has negado "¿Manuel golpeándome? Que va. Es que a veces viene un poco de mal humor por cosas que le están pasando y me grita, pero no es nada.". Y así ha transcurrido el tiempo hasta hoy, que apareces en el espejo cubierta de sangre.
La verdad es que dentro de ti siempre ha estado la espina esa que siempre ha intentado gritarte que no era normal, que sus insultos, sus discusiones, sus golpes, no tenían justificación ninguna. Pero tú siempre has callado esa voz, incluso te has avergonzado, te has sentido mal al darte cuenta de algo que no querías ver. "Manuel no es mala persona", te has repetido una y otra vez "Es que tiene un mal día y yo no hago más que hacerle sufrir". Claro que, ahora mismo, contemplándote así, en el espejo, ya no puedes callar esa voz, ya no puedes dejar de llorar, ya no puedes calmarte diciendo "Mañana ya no lo hará, es que últimamente pasa malas rachas, pero mañana ya no lo hará". Ya no. Esta vez, la voz de la espina es más fuerte y te está gritando "Huye, Huye o te matará.". Lloras, en el fondo no quieres abandonarle, le amas. Pero sabes que sino acabará apuñalándote, degollándote o algo peor, aquello ha llegado demasiado lejos. Justo hace una hora, te ha lanzado al suelo y, con un cuchillo, ha cortado tu piel. Y todo porque no querías sexo en ese momento. Ha dicho que así te acordarás de no volver a llevarle la contraria.
No. No es normal. Huye. Huye. Recoges tus cosas rápidamente, tienes poco más de media hora, lo que tarde en subir del bar, de beber, de emborracharse, porque esa es otra, hace nada empezó a emborracharse a base de anís seco. Huye, no quieres volver a tener cerca ese hedor empalagoso que acarrea malas consecuencias. Huye, ya has terminado de recoger. Abre la puerta, no te lleves llave. Huye a la casa de Pepa, que vive en una ciudad a 300 kilómetros de la tuya. Allí no se le ocurrirá buscarte.
 Bajas rápido las escaleras, compruebas que tienes dinero para el autobús y te diriges hacia la puerta de salida. Antes de salir, aspiras lentamente, por última vez, el olor tan  característico del patio de tu ahora antigua casa. Huele francamente mal, a ajos quemados. Es un olor horrible, como los recuerdos que allí dejas, porque, lógicamente, éstos no han tenido cabida en tu maleta. Abres la puerta y avanzas lentamente, saboreando tus primeros pasos de libertad. Luego, echas a correr. Y corres rápido, y no corres, vuelvas, y lloras, pero esta vez lloras de felicidad, y te sientes libre, libre por primera vez en mucho tiempo. Mientras corres, lanzas el móvil a la carretera, para que así no pueda ponerse en contacto contigo. Y corres, y sigues corriendo hacia el autobús, disfrutando de la auténtica felicidad.

viernes, 29 de junio de 2012

El ala de la mariposa

El ala de la mariposa parece de papel de liar. Tiene formas y colores curiosos, combinaciones raras y mágicas, maravillosas. El ala de la mariposa, aquello que en ocasiones desearías tener en tu propia espalda, para, mediante un par de estas mágicas prolongaciones, poder escapar volando cuando tienes demasiado colapso mental. 
Sí, el ala de la mariposa parece la salvación a muchas de tus preocupaciones. Sí, a veces correr parece la mejor solución. No, no lo es. No, no dejes que crezca en tu espalda ninguna ala de mariposa. No, no te la intentes fabricar. No, no quieras huir. Sí , aguanta, aunque tengas que llorar. 
El ala de la mariposa no va a envolverte eternamente. Por ello, no la crees, no la construyas, no te cobijes en la existencia del ala de la mariposa. 

miércoles, 27 de junio de 2012

La rosa.

Había una rosa entre sus manos, su color rojo purpúreo brillaba al Sol y su olor se iba perdiendo segundo tras segundo. Las espinas se clavaban e iban dejando cortes y pinchazos que sangraban sin parar, pero casi no se estaba dando cuenta y, en las pocas ocasiones en las que lo hacía, simplemente arrancaba la espina y la tiraba muy lejos, sin saber que al mover su mano a lo largo del tallo volvía a clavar otra en la herida anteriormente hecha. Poco a poco, día tras día, la rosa iba perdiendo sus espinas, pero también sus hermosos pétalos rojo purpúreo, que se secaban y morían, cayendo suavemente sobre el suelo, dejando un rastro que ya no se podía recuperar. Poco a poco, también, sobre el tallo iban cayendo más lágrimas, y cada día resbalaban para formar también el rastro, junto con los pétalos. Poco a poco sólo quedaba un tallo seco y vacío, unos ojos secos, unas manos ensangrentadas, poco a poco, iban también desapareciendo las espinas, pero no las cicatrices. Poco a poco fue quedando un tallo seco, vacío, que se creyó ligero en un primer momento. Poco a poco, el tallo empezó a ansiar volver a ser rosa. Poco a poco, las manos dejaron de sangrar. Poco a poco, los ojos secos volvieron la mirada atrás. Y poco a poco, comenzaron de nuevo a humedecerse.

lunes, 24 de octubre de 2011

Lluna

Llum de Lluna,
lluna de plata,
mulla els seus ulls
plens de vida.

Llum del Sol,
Sol daurat,
mor a l'horitzó,
que el dia ja s'ha acabat.

Lluna estimada,
Lluna perfecta,
que ens il·lumina el cor
cada nit per la finestra.

Lluna,
que al mati te'n vas,
si us plau
fes-te eterna,
no te'n vagis mai.

Fes les nits eternes,
fes els dies curts,
els abraços càlids
amb el teu raig de llum.

Llum de Lluna eterna,
llum de Lluna suau,
llum de Lluna tendra,
no t'amaguis,
si us plau.

lunes, 23 de mayo de 2011

Danza de luz

Cae lluvia en jardines grises y tu sombra los ilumina, caen lágrimas por tus mejillas que hacen crecer vida, caen sombras de tus manos y no entiendes que en realidad son luces. Luces, mi alma, siguen siendo luces, luces como la luz de tus ojos, luces como cuando ríes y el mundo para y ya no respiro. Luces así, incluso cuando lloras sigues luciendo, pero no llores, pues matas con tus lágrimas, matas de pena a alegres voces, no llores, no quiero que llores, matas de tristeza a felices pensamientos, no llores, no puedes llorar, porque luces y cuando luces apagas la sombra, y cuando lloras, aunque sigues luciendo, luces tan tenue que temo que la oscuridad nos cubra para siempre y cubra al mundo, a mi mundo, a tu mundo, al mundo de todos. Por eso amor, no sufras, no sufras sino luce, luce porque quiero ver la luz de tu risa, luce porque quiero volver a ver tus ojos que brillan, luce, luce y hazme arder en deseo de caminar a tu lado, luce y no llores, luce y ríe, luce y déjame ayudarte a lucir, deja que llore yo por ti, déjame encender tu luz. Déjame hacerte feliz.

sábado, 14 de mayo de 2011

Pidamos lo imposible.

Sinceramente, no entiendo porque el ser humano se empeña en convertir las cosas en imposibles. Y yo soy la primera que lo hace. Y no me entiendo. Nos empeñamos en decir que es imposible que tengamos alas saliendo de nuestro cuerpo. ¿Acaso el primer ser vivo que habitó la Tierra, si hubiese tenido la capacidad de pensar, no hubiese pensando que era imposible que algún día un descendiente suyo volase? ¿Y qué hacen los pájaros? Vuelan. Y ellos provienen de ese primer habitante. ¿Acaso el ser humano no puede generar, en un futuro muy lejano, un ser con alas en lugar de brazos que además sea pensante? ¿Quién dice que es imposible? Nosotros no estaremos allí para verlo.
Nos empeñamos en decir que la magia no existe, que es imposible. ¿Acaso no es mágico ver una planta crecer poco a poco en sentido contrario a la gravedad? ¿Acaso no es magia poder despertarte una mañana y ver la sonrisa de la persona a la que amas? ¿Acaso no es mágico que una persona pueda hacerte sonreír cuando estás al borde de las lágrimas, e incluso ya sumido en ellas, con sólo una palabra? Nos empeñamos en que las cosas son imposibles. ¿Acaso no era imposible la existencia de un aparato que nos permitiese volar? ¿Acaso no parecía imposible que un trozo de pesado acero flotase? No existe nada imposible. Somos los humanos los que nos empeñamos en volver las cosas imposibles e inexistentes. Mediante mentiras, mediante frustraciones, mediante tristeza, mediante guerras, mediante el consumismo, mediante cortar alas, mediante los excesos de poder. La humanidad vuelve imposible la vida. La humanidad torna imposible la magia. Es el hombre quien torna imposible el amor o la amistad, y también es el mismo hombre quien no se atreve a intentar hacerla posible. Porque es más fácil pensar que lo difícil es imposible. Porque es más fácil no luchar. Pero la realidad es que lo más hermoso, lo más maravilloso del mundo, es pedir lo imposible.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Sin título

Criatura hermosa, dime, ¿cuál es el secreto que esconde tu mirada? Hermoso ángel de extraña tez suave, de bello rostro, casi tan dulce que duele mirarte a los ojos, dime amor, cuéntame tus sueños y haz realidad los míos. Háblame hasta empaparme y llenarme de tu voz, de la vida que desprende, de las ilusiones que genera, hermoso ángel, embriágame con tu risa. Extraño ser, casi imaginado, casi tan bello que tu sola presencia irradia una preciosa calma, una paz casi ficticia, sensaciones que sólo tú eres capaz de transferir, dime que fuiste real algún día, que no te imaginé, que no saliste de ensoñaciones ni de cuentos contados por buenas madres a sus pequeños niños antes de dormir. Cúlpame, mi bello ángel, cúlpame, pues mía es la culpa de cubrir el cielo de negras lágrimas, mía es la culpa de tus paseos por pensamientos imaginarios en los que ocurren cosas que jamás plausibles serían. Pensamientos imposibles en los que me envuelves con tus alas, en los que me coges de la mano, en los que rozo tus labios sabrosamente condimentados con un dejo de licor tan negro como se encuentra ahora mi corazón, pensamientos que nunca jamás podrían ser reales. Culpa a esta idiota de no saber callar su corazón cuando la abrazas, cúlpala también de los temblores que te piden que la protejas del frío, cúlpala por tener los ojos tristes y por escribir en lugares que jamás podrás ver. Mi dulce criatura, hermoso ser, culpa a esta idiota que está demasiado demente, que grita desesperada una canción, que le llora locamente al amor por lo imposible, por tus ojos, por tus labios, por tu voz.

miércoles, 4 de mayo de 2011

El hada

Existió una vez un hermoso bosque en el cual habitaban elfos, hadas, duendes y todas las criaturas fantásticas imaginables. Aquel bosque se hallaba lleno de luz y en él habitaba un hada de negros cabellos y ojos azules, de tamaño pequeño y alas púrpuras. Aquella hada estaba enamorada de un duende y se dedicaba a observarlo a escondidas. El duende, que se sentía observado, un día se enfadó y puso una enorme jaula justo en el sitio donde ella se ocultaba cuando lo miraba, de forma que cuando fue a espiarle la jaula la atrapó y quedó presa enfrente de la casa del duende. El duende ni siquiera fue a mirar qué era lo que había capturado, simplemente la dejó allí sin saber que la había convertido en su prisionera. El hada lloraba todos los días, pues quería librarse de aquella jaula, pero a la vez era lo único que la permitía estar cerca de su amado.
Un día, la jaula fue golpeada por un enorme pie. El hada, asustada, levantó la cabeza hacia arriba y vio a un joven humano, que acto seguido tomó la jaula y la abrió.
- No sé que hacías ahí, pero vivirás mejor en libertad pequeña mía. - Fue lo que el joven dijo.
El hada se mostró muy agradecida, pero el joven se iba corriendo y no la estaba dejando agradecérselo como era debido. Entonces ella le siguió y llegó a una cabaña en el centro del bosque. El joven había cerrado la puerta, por lo que ella no pudo entrar, pero sí pudo asomarse a su ventana y ver al joven realizando un bonito dibujo. El hada quedó prendada de su forma de dibujar y fue regresando todos los días a verle. Fue olvidando al duende y el daño que le había hecho, pues en ella ahora sólo habían ganas de ver dibujar al joven. Y eso fue lo que hizo, hasta que un día el joven se dio cuenta.
- No puedes pasar tu vida pegada a mí ventana. Debes de ver mundo. Márchate pequeña, y sé verdaderamente libre.
El hada, al escuchar estas palabras se marchó muy rápido sobrevolando el hermoso bosque mientras lloraba lágrimas. Las lágrimas que caían de sus ojos eran negras y fueron tiñendo el bosque de negro. El hada voló y voló mientras lloraba y tenía el bosque con aquellas oscuras lágrimas hasta que su cuerpo perdió la capacidad de generar más agua. Entonces fue ella misma la que comenzó a fundirse, cayendo gotas negras de todo su cuerpo, que terminaron de teñir el bosque hasta que ella desapareció. Sus ropas cayeron al suelo, junto a su corazón, y de ello nació un gran árbol, el más grande habido nunca en aquel bosque. Un árbol negro y hermoso que cada año, el mismo día y a la misma hora lloraba lágrimas negras. Un árbol que nunca más se pudo volver a teñir de color.

martes, 3 de mayo de 2011

Eso es

Cuando los dedos no te responden ante lo que quieres escribir, cuando tiemblas y te duele todo, cuando destrozas uno a uno todos los recuerdos, es entonces cuando sientes que has perdido una ilusión. Cuando el destino te hizo probar algo, cuando lo lamiste, lo saboreaste y pensaste que te gustaba, que te gustaba más que cualquier otra cosa, que quizás lo preferías más que cualquier otra cosa, cuando estabas a punto de quedártelo, de repente te lo quitó. Te lo quitó y se rió de ti en tu cara, te lo quitó mientras se regozijaba en tu estupidez, te lo quitó y no te lo quiso devolver. Empapó de miel tus labios para burlarse de ti el destino, y tú, que por fin volvías a sonreír, que por fin escribías versos hermosos y alegres, tú te moriste por dentro. Y ahora tú le juras al destino que jamás en la vida volverás a creer en él, tú le declaras la guerra, tú lo eliminas, y para ti ya no existe. Adiós.

viernes, 29 de abril de 2011

.

Te escribo a ti, mi ángel. A ti que eres sin saberlo un ser divino. A ti, con la profundidad de tu mirada, golpeando, lanzando, destruyendo la mía. A ti, mi ángel, ese en quien me apoyo sin que lo sepa, a ti, mi pequeño ángel, ese con los brazos cálidos en los que puedo apoyarme. Mi ángel, la cosa más linda, los olivos con sus frutos naciendo en sus ojos. Mi ángel, el alma que suspira fuerte para salvar un alma débil que lo observa en silencio, mi ángel, que me da tanto miedo, que duele mirar sus ojos directamente, pues su luz es tan fuerte, que podría guiar mil caminos. Mi ángel, ese con las alas de caramelo y los labios sabor salado y dulce, avainillado, suave. Mi ángel, y todo lo que le rodea. Mi ángel, purificando mi alma. Mi ángel, destruyendo mis penas. Mi ángel despierta y me hace despertar. Mi ángel sufre y me hace llorar. Mi ángel no llores. Mi ángel ríe y ya no existen penas. Mi ángel, ríe, ríe y que te oiga el mundo, ríe para calmar mi tristeza, ríe para que viva. Ríe mi ángel, pues tu risa es mi vida. Te escribo a ti, mi ángel, para sacarte una sonrisa, para ver de nuevo tu luz, para sentir tus alas acariciando mi piel. Te escribo, mi ángel dulce con sabor amargo, pues existes puro en mí, pues no estás solo, pues te amo, mi ángel.

Cállame

Cállame ahora que estoy a punto de gritar. Cállame ante mis latidos, cállame ante mi soledad. Cállame cuando no ría, cállame cuando no llore. Cállame en los momentos tristes, y grítame en los momentos alegres, bésame cuando amanezca, mátame si me estremezco. Cállame porque no hago más que hablar, cállame cuando no calle y me quieras besar, cállame silencios, bríndame locura, mátame de vicio, mata mi amargura. Calla mis pecados, juzga mis virtudes, vierte en mis labios el sabor de tus verdades. Miente con tautologías, destruye toda lógica, ralla el diamante con espurnas de plástico blando y que caiga el cielo al suelo y que llueva tierra en Marte y que canten las sirenas en países sin mares, en desiertos sin sombras. Cállame de vicio, cállame de amor, cállame lo imposible, cállame las verdades y grítame las mentiras.

miércoles, 13 de abril de 2011

La ciudad bajo el hielo

Se inundan. Se inundan las calles de la ciudad más hermosa del mundo, quedan sepultadas bajo el agua, cada vez se ven menos, cada vez se sumen más y más en la más remota oscuridad. Y yo, amor mío, yo observo como mueren, como caen, como son sepultadas por ese peso líquido, por esa agua cruel y amarga, por esos ríos que no saben ver que existe vida en la ciudad. La ciudad muere bajo el agua, que poco a poco se convierte en hielo, congelándola sin saber que tenía vida, que había felicidad, belleza, esperanza. Todo queda ahora congelado por el hielo que destruye, que quema, que mata poco a poco, disfrutando como se disfruta del dolor de arrancar un pellejo, disfrutando con un ligero orgasmo de muerte, quitando cada resquicio de vida de la ciudad hasta paralizarla. Y yo, amor mío, yo miro como goza, como muere de placer mientras la ciudad queda sepultada, paralizada, y llora levemente, convirtiendo el hielo en escarcha, intentando salir, mientras el hielo vuelve a congelar sus lágrimas, vuelve a esconderla, a sepultarla, a hacerla desaparecer, a convertirla en nada. Amor mío, si vieses el hielo que la cubre llorarías. Amor mío, si vieses la nada en la que se sume sufrirías. Amor mío, la ciudad se muere bajo el hielo, sálvala amor. Sálvala.

miércoles, 12 de enero de 2011

...

Si tu supieses lo que te echo de menos cuando no estás a mi lado, lo que anhelo tu presencia, lo que deseo tu tacto sobre mi piel, produciéndome esas agradables cosquillas que, lejos de molestarme, me llenan de placer. Si tu pudieses ver, amado mío, mis ojos empapados en lágrimas y dolor, si tu pudieses verme aquí, mirando tu nombre, tu dirección, sin atreverme a llamarte, a hablarte, a mirarte siquiera, si tu pudieses verme, amor, verías lo patético de mi vida, lo estúpido de mi situación.
Quiero decirte que me quieras, que sin ti he perdido el rumbo, que ando francamente mal, que me muero por acariciarte, que me muero por sentir tus caricias, que te deseo sobre todas las cosas. Que pido que vuelva la Navidad todos los días para poder perdirte como regalo, que pido que pasen estrellas fugaces para suplicarles que me concedan mi más preciado deseo, que me muero sin el sabor de tu mirada.
Quiero contarte lo que siento, pero no sé. No me salen las palabras, ni siquiera me salen las miradas, las expresiones correctas. Tengo tanto miedo que estoy paralizada. Pero te quiero.

jueves, 28 de octubre de 2010

Y allí...

Y allí está su corazón, allí, en el fondo de la nada. En el fondo de la nada su corazón se ensombrece día a día, y sus ojos se empañan de lágrimas, su cuerpo de nostalgia. Su corazón le desea, su cuerpo le desea, sus labios le desean. Le ama. Le ama con la mayor fuerza jamás creada. Le ama a cada suspiro. Y contempla su corazón sufrir, lleno rebosantemente de un amor que no puede dar, que le es imposible dar. Tiene miedo. Tiene miedo de mirar sus ojos, porque sabe que cada vez que los mira pasa el tripe de tiempo llorando. Pero a la vez le gusta ese dolor y por eso no resiste y les echa una ojeada. Y entonces ocurre. Y vuelve a llorar, y a temblar. Su cuerpo se estremece con una sola ráfaga de aire. Allí está, llorando, temblando, temiendo. Amando. Le ama. Le ama tanto que podría morir de amor. Le ama tanto que podría someterse a cualquiera de sus palabras. Le ama tanto que se deshace en lágrimas. Y va muriendo lentamente.

domingo, 24 de octubre de 2010

Mentiras.

Voy a contar una mentira enorme, pienso contar la mentira más grande jamás escrita, ni pronunciada. La mentira peor elaborada, la peor disimulada. La mentira que todos podrán hacer creer que creen y que nadie cree en realidad. No pienso poner un simple "no te quiero" de niña pija, ni un "no quiero verte más". Es una mentira mucho más compleja.
En esta mentira mi cuerpo no se siente reconfortado cuando imagino una cama en sus brazos. En esta mentira mi cuerpo no se siente un puzzle sin una pieza. En esta mentira mi mente no juega con ideas estúpidas de andar de la mano por la calle. En esta mentira no te imagino a mi lado de repente, sin desearlo. El caso, me gusta mentir, de forma compleja. Quiero mentir de la forma más compleja existente. Déjame mentir en paz.

jueves, 21 de octubre de 2010

Estallo.

De nuevo hoy
vuelvo a estallar.
Estallo de amor.
¡Pam!
Estallo de ganas.
¡Pam!
Estallo de placer.
¡Pam!
Abandono mi cuerpo.
¡Pam!
Me veo desde fuera.
¡Pam!
Universo espiritual.
¡Pam!¡Pam!
Me desgarro.
¡Pam!
Muero de placer.
¡Pam!
Muero de amor.
¡Pam!¡Pam!
Vuelvo lentamente.
Suspiro.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Día idiota.

Hoy te has dado cuenta de que le echas de menos. Así, sin más. Mirando un mapa del metro has caído en que le echas de menos. No has hecho nada más que recorrer todas las líneas multicolor con los ojos, e imaginado como sería la trayectoria del metro por esas rayas que, aparentemente, parecen distancias cortas y luego, en la aplicación práctica, son demasiado largas. Entonces te has dado cuenta de que le echas de menos, y has apartado la mirada corriendo, sí, justo cuando has leído el nombre de la estación en la que bajabas, recorrías la distancia y te perdías en su boca. Entonces te das cuenta, te apetece perderte en su boca. Te da igual todo, es patético. Tu corazón se está apoderando de tu cerebro. Demasiado patético. No puede ser cierto, no puedes echarle de menos, no, después de tanto tiempo, no después de tantas cosas, no puedes. Y lo cierto es que por una milésima de segundo, al leer el nombre de la estación, has evocado sus besos. Eres idiota, piensas mientras te sientas en un banco y esperas a que llegue tu tren. Demasiado idiota. Sobretodo porque al sentarte lo has vuelto a hacer. Has vuelto a evocarlos. Idiota.

viernes, 10 de septiembre de 2010

La Danza de la Luna

Va a comenzar una hermosa danza, una danza de rayos de luna. Va escondiéndose el Sol, y ella, ambiciosa por ser más hermosa que ninguna, despliega sus faldas hechas de rayos de plata. Los rayos se cojen, danzan en la explanada del monte más hermoso, y lo iluminan todo, dándole a la pequeña montaña un halo de misterio tan hermoso y atrayente que de pronto todos los animales se ponen a bailar. Y todo el mundo danza, y son felices, y ríen y beben el agua del rocío, que va cayendo lento pero refrescante, quitándoles el sudor que tal hermosa y efusiva danza les produce. Y de repente, amor, dolor, tristeza, alegría. Todos esos sentimientos aparecen y se mezclan en la hermosa danza de la Luna, incitados por la música, deseosos de bailar. Pánico, deseo, timidez. Ven a sus hermanos jugando y bailando y deciden bailar. Y todo parece encontrarse en armonía esa noche, en el monte, durante la Danza de la Luna.

martes, 31 de agosto de 2010

Amor...

Amor, ¿Puedes verme? Estoy aquí, tras una ventana imaginaria, la lluvia va cayendo a través de ella, y yo la miro, triste, pero maravillada, la lluvia es hermosa. Y de repente, amor, me doy cuenta, la lluvia que cae no viene del cielo y no está cayendo a través de la ventana. La lluvia que veo procede de mis ojos, reflejados en el cristal. La lluvia que estoy admirando no son más que lágrimas de nostalgia pretendida, que aparece cada vez que pienso en ti. Amor, te echo de menos. Amor...hay tantas cosas que nunca te dije pero que siempre te escribí en textos que nunca te di...Tú fuiste capaz de hacerme sonreir aquellos días en los que yo no paraba de llorar, con sólo una frase me hacías reir a carcajadas. Tú me volviste a hacer especial. Tú...
Amor, desaparezco cuando me place, pues tengo miedo de amarte. Amor, ¿sabes lo duro que me resultaría enamorarme de ti sabiendo que tú no lo estás de mí? Amor, quiero escribirte palabras bellas, hermosas, sencillas, y quiero que las veas. Amor, te quiero de nuevo a mi lado, no me olvides. Yo no te he olvidado, amor. Tú sigues presente en mí, amor. Por mucho que diga que te odie, no puedo olvidarte. Es tan difícil, amor...Demasiado difícil.